Más allá de toda réplica, sé que bajé los brazos. No me pregunten por qué. Es, creo, solo el hecho de aceptar que puedo, lo que me tira atrás. Ahora, si me preguntan por qué, surge una sola respuesta: no se. Necesito algo, desespero porque esta situación cambie. Ya no puedo más; estoy caminando, haciendo equilibrio en una linea de tiza.
Me dan ganas, de repente, de volver a ser un chico; volver a no tener preocupaciones, volver a vivir y a sentir. O quizá cuando era chico también sufría. ¿Tan poderosa es mi mente que me supera? Ella trabaja y borra todo lo malo. En realidad no lo borra, lo esconde abajo de la alfombra de todo lo bueno; por eso, cada tanto se siente el hedor.
Y mientras tanto, cada tanto, miro para afuera, sentado en la plataforma 21, y veo tormenta que acecha, lluvia. Y quiero comprender todo, pero me doy cuenta que no puedo hacerlo; y esa es la peor parte, sufrir.
¿Por qué hay momentos tan llenadores de gracia y sonrisas, y otros tan tristes como este, que llevan a escribir estas lineas? Será que escribiendo me limpio un poco el alma.
No hay comentarios:
Publicar un comentario