Se achican,
se hacen cada vez
más diminutos
los reflejos que esconden
la actitud.
La presión es fuerte
intolerable a esta altura,
pero sé que va a emerger,
de lo profundo,
la mirada precisa,
esa que devolverá
la paz.
El enfoque depende
de las manos,
y de cómo éstas
guían la luz
hacia esa herida
profunda.
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