Los pedazos
que quedaron de él
quieren reunirse
y moldear, como con arcilla,
a otro hombre.
A un otro
que se deje torcer
brazos y piernas;
que no le importe
su propia vida
y que siga
sin creer en lo que hace.
El mal, se sabe,
vive por y para nosotros.
Él lo conoce, y sin embargo
no insiste (ya no puede)
en acomodar las cosas.
Porque cada cual
tiene a disposición
su propia mente,
y la única opción
es no dejar
que ella mande.
Samot Nocir
No hay comentarios:
Publicar un comentario